En qué consiste la verdadera Civilidad
La civilidad, no es otra cosa que la modestia y honradez que cada uno debe guardar en sus palabras y acciones

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Los preceptos de la civilidad
Aquella urbanidad
La civilidad, no es otra cosa que la modestia y honradez que cada uno debe guardar en sus palabras y acciones. No consiste solo, a mi parecer, en la buena gracia, o en un cierto aire y atractivo, que es como natural en las acciones de muchos que tienen un talento particular de la naturaleza para agradar en todo, y no disgustar en nada.
Para adquirir este dichoso agrado, no hay preceptos ciertos, porque esta es una pura liberalidad de la naturaleza. Y como es cosa de poca importancia el agradar a los ojos del cuerpo, si al mismo tiempo no tenemos la dicha de complacer a los del alma, por esta razón no hemos de buscar solamente este embeleso exterior como el principio de la verdadera civilidad, sino que debemos aspirar a alguna cosa más sólida, que manifieste la buena disposición del interior, más bien que la superficial.
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En efecto, si gustásemos solamente de la buena gracia exterior, los que tienen alguna notable incomodidad corporal, pasarían por unos monstruos en la vida civil, en lugar que teniendo un alma bella, y bien cultivada, pueden ser sus acciones tan agradables como las de las personas más bien formadas.
Yo, considero, que para establecer las reglas de la verdadera civilidad, no era menester más que deducir bien las de la decencia; porque esta no es otra cosa que una cierta modestia y pudor, que debe acompañar a todas nuestras acciones; y sería muy a propósito el hablar de esta virtud, si yo me considerase capaz de ello; porque fuera enseñar a un mismo tiempo el medio de adquirir esta política y este agrado, que sabe conciliarnos tan bien el afecto y el aplauso de todos.
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