El arte de saber vivir. La sociedad. Parte segunda
Al entrar en la sociedad, hay que mirarla con sangre fría, tomarla como es, sin ideas preconcebidas, con sus excelencias y sus vicios

The British Library
La sociedad y las costumbres
Los optimistas no están más dentro de la realidad; el mundo de hoy nada tiene de común con aquellos tiempos fabulosos a los que llamaron los poetas "edad de oro". Es una mezcla de bien y mal, de luces y tinieblas, de días felices y días sombríos, de ciencia y error, de dicha y miseria; los buenos y los malos, los honrados los bribones, viven juntos; es una arena por donde las generaciones pasean todos sus deseos prudentes o culpables; pero sobre todo reina la ciencia, domina la inteligencia y preside la honradez.
Al entrar en la sociedad, hay que mirarla con sangre fría, tomarla como es, sin ideas preconcebidas, con sus excelencias y sus vicios, sus mentiras y sus aspiraciones más elevadas. No hay que creer que la fuerza es el primer derecho; lo son la astucia y la probidad. La sociedad no es así, pero en ella no sirven de mucho la credulidad ingenua y la confianza infantil. Se necesita tomar en los consejos de la familia y en las enseñanzas de una buena educación el hábito de examinar los hombres y las cosas y de penetrar en su interior; formamos un juicio sano y después marchar en línea recta, con la cabeza alta y sin locos temores. Esto importa mucho a los jóvenes y a las jóvenes.
Los tiempos presentes no son más amargos que los anteriores. No creo que hoy sean las cosas más difíciles que ayer. ¿Fue alguna época mejor que la nuestra en la forma y en el fondo? Para responder es preciso determinar un dato y no salir del paso con vanas declamaciones. Es imposible negar que ha crecido la inteligencia general y se han dulcificado las costumbres. El número de los plebeyos que llegaron arriba honradamente, rodeados de la estimación pública, es tan considerable, que la sociedad está llena de hombres y mujeres procedentes de un origen humilde. Para esto se necesita cierto saber; pero ¿el saber es cosa fácil? ¿Han ganado los métodos en claridad y se abren escuelas para todos los que quieren aprender? Si hojeamos la primera biografía que llega a nuestras manos, veremos las miserias de los sabios antiguos, a quienes debemos bendecir, y de los artistas, que son la honra del género humano y proceden de un humilde linaje, desde el cual eleváronse hasta la inmortalidad; para los que siguen sus huellas, el camino es claro, pero menos largo y menos trabajoso.
"Se necesita tomar en los consejos de la familia y en las enseñanzas de una buena educación el hábito de examinar los hombres y las cosas"
En el seno de la sociedad nueva, como en el seno de la sociedad antigua, nada se adquiere sin voluntad y sin esfuerzo; esta es una ley de la Naturaleza; pero aplicada a la voluntad y hecho el esfuerzo, las personas estudiosas y arregladas alcanzan hoy éxitos extraordinarios.
Para llegar a vivir en paz con su conciencia, hay que tener presente una palabra, una palabra de sentido profundo, de la que hay que penetrarse en tal forma, que sea la regla de todos los actos: el deber. Un ilustre americano escribió a uno de sus hijos las siguientes líneas:
"Esfuérzate siempre por ser franco con todos; la franqueza es hija del valor y de la honradez; debemos decir exactamente en toda ocasión lo que tenemos intención de hacer, sin dejar dudas acerca de nuestra sinceridad. Si un amigo nos pide un servicio, hay que prestárselo si es razonable, y en el caso contrario, decirle francamente por qué se lo negamos; todo subterfugio sería indigno de uno y de otro. Jamás ha de obrarse mal por adquirir o guardar un amigo; quien se da a este precio nunca valdrá el sacrificio que se hace ...
En cuanto a lo que es el deber, voy a contarte lo que sucedió hace cerca de cien años, en un día de eclipse conocido bajo el nombre de día negro, en el que la luz del sol quedó extinta durante algún tiempo.
La Asamblea Legislativa de Connecticut estaba en sesión; en presencia del fenómeno, los miembros sintieron un terror general; muchos de ellos creyeron llegado el fin del mundo; en aquel momento un viejo puritano se levantó y dijo que si efectivamente era el día fatal, quería que a él lo encontraran en su puesto, cumpliendo su deber, y a este fin propuso que trajeran luces para que continuara la sesión. En aquel hombre brillaba una calma sobrenatural y resplandecían una voluntad inflexible y una gran tranquilidad de espíritu. La palabra deber es la más sublime de nuestra lengua; procuremos imitar en todas las cosas al viejo puritano, y que jamás por una falta nuestra salga un cabello blanco en la cabeza de nuestros padres".
- El arte de saber vivir. La sociedad. Parte primera.
- El arte de saber vivir. La sociedad. Parte segunda.
- El arte de saber vivir. La sociedad. Parte tercera.
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