Cartas amorosas
Las cartas de amor son un clásico en la correspondencia personal. Son una forma de expresar los sentimientos que se sienten por otra persona

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Las cartas de amor: las declaraciones amorosas en las cartas de época
Aquella urbanidad
La pasión que más generalmente domina al género humano es la del amor. Un tiempo hay en que el hombre delira por amoríos, y hay quien jamás en su dilatada vida puede verse libre de este achaque. Vegetes conozco yo que están como suele decirse, con un pie en la sepultura, y empeñados en obsequiar tiernas beldades del gran tono. ¡Pobretes! ¡Cuán difícil es conocerse uno, a sí mismo!
Hállanse por otra parte matronas muy provectas y con sendos nietos, las cuales aunque pudieran hacer en la sociedad un papel muy respetable, prefieren a esta dignidad la fatua creencia en que viven de hacer las señoritas, y tender las redes a los gallardos jóvenes, que mofan sus intentos. Ni aquellos ni estas tienen presente que
"Turpe senex miles, turpe senilis amor"
Siendo, pues, tan común esta pasión, que no perdona al joven, al viejo, al pobre, al rico, al grande ni al pequeño, serían muchos los que hallarían un vacío, si se omitiera este tipo de cartas, y especiaimeníe los jóvenes que serán los qué más bien deberán hacer uso de la presente arte.
Sin embargo, debo advertir a éstos, que no encontrarán aquí medios de seducir la honestidad incauta; que la lascivia no hallará las expresiones que tal vez apetece, ni los que anidan pasiones desenfrenadas encontrarán un pábulo que fomente el fuego devorador que los consume.
Hay amor puro , amor santo, si se quiere, y en el cual únicamente se aspira a obedecer a nuestro Criador cuando dijo a los hombres: "Crescite et multiplicamini, et replete terram". "Creced y multiplicaos, y poblad la tierra". Amor, digo, que solo aspira al casto fin del matrimonio elevado a la dignidad del sacramento santo. Y después de él únicamente llenarán sus deberes los esposos a quienes el amor tierno estrecha más y más su lazo indisoluble, y hace las delicias de su dulce vida.
Puede también tratarse esta pasión en general sin inducir a perniciosas máximas; pero también es preciso confesar la gran dificultad de hablar con delicadeza, y manejar con dignidad unos asuntos de suyo tan resbaladizos.
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