El cigarro y la pipa.
Los hombres que fuman, y es preciso confesar que en el día es la mayor parte, los hacen solamente por la mañana.

Objetos de capricho.
El cigarro y la pipa.
La costumbre de fumar se ha hecho tan general, que ya no se repara en la delicadeza de las señoras que aborrecen el olor del tabaco. Todos han reconocido que el humo que se exhala de las hojas de la Habana tiene sus agrados, y no hay quien antes de meterse en el tráfago de su escritorio no fume un cigarro. Este método saludable para la salud que conserva los dientes y la boca sana, era desconocido de nuestros abuelos. Las señoras en Francia no fuman y dejan este gusto a la vivacidad de las españolas y a las saladas andaluzas, o bien a las viejas escocesas que Walter Scott nos describe con una pipa en la boca, ocultándose en la campana de la chimenea para satisfacer su gusto.
Los hombres que fuman, y es preciso confesar que en el día es la mayor parte, lo hacen solamente por la mañana, y tienen cuidado después de haber satisfecho esta necesidad de ocultar sus vestigios, lavando la boca con el mayor cuidado. Regla general: no debe fumarse jamás en la calle .
Es preciso haber sido, a lo menos, capitán de húsares para fumar en pipa aunque sea de la más hermosa espuma de mar. No debe fumarse sino cigarro.
Siendo el olor del cigarro por sí desagradable, no debe fumarse sino por la mañana al levantarse de la cama, lavarse después la boca cuidadosamente y no llevar ninguna de las cosas que componen los arreos de un fumador, como tabaco, bote, pipa, etc.
"Se debe negar siempre que tiene el vicio de fumar. Son cosas que no se deben confesar"
Por general que sea el gusto de que hablamos, se debe negar siempre el tenerle, pues debe hacerse lo mismo que con los favores de una dama; son cosas que no se deben jamás confesar.
No se debe fumar por la noche, aun cuando se esté en su ventana y no queden más que pocos momentos para acostarse.
Un artista célebre es tan nombrado por sus producciones como por el arte con el cual sabe arrollar un cigarrito.
No le imitéis en esto y ateneos siempre al cigarro. Sucede algunas veces ir a la mañana a casa de un banquero, encontrarle en bata y paseándose en su jardín con un chicote en la boca. El primer cuidado es sacar su bote de cigarros y ofreceros uno. Lazo, escollo, maquinación contra vuestra reputación de hombre aseado; vuestros vestidos os venderán, y no podréis cuidar vuestra boca del modo necesario para que no se os conozca. No fuméis, pues, sino en vuestra casa (1).
(Nota 1.) Todos estos pormenores sobre el fumar son muy impertinentes en España, en donde ya no se padece ni la reputación de bien criado, ni la urbanidad siendo tan general esta costumbre. Los extranjeros nos critican y nos imitan; nos tratan de bárbaros por las corridas de toros, y el que una vez ha estado en ellos no deja de asistir a ninguna. Dentro de pocos años, tal vez no criarán nuestras Américas bastante tabaco para la Francia. (Nota del traductor).
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