¿Tiene usted habilidades sociales?
La importancia de las habilidades sociales en la sociedad actual, claves para una convivencia armoniosa

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El impacto de las habilidades sociales en nuestra vida personal y profesional
Uno de los temas que más incumbe considerar a la sociedad en su conjunto está relacionado con la importancia de conocer, apreciar y expandir las "habilidades sociales". Un término tan venido a menos en estas épocas y cuyas implicancias en el bienestar personal nos concierne incentivar.
Para empezar definamos las "habilidades sociales". Se refiere a la capacidad del hombre para tratar y congeniar con el resto de semejantes. Incluyen las dimensiones que permiten la ampliación de un repertorio de acciones tendientes a un desenvolvimiento cierto.
Por su parte, Celia Rodríguez Ruiz, escritora, pedagoga y experta en terapia infantil, en su interesante artículo "Habilidades sociales: Educar para las relaciones sociales", afirma: "Es fundamental prestar especial atención al desarrollo de las habilidades sociales, ya que en primer lugar son imprescindibles para la adaptación de los niños y niñas al entorno en el que se desarrollan sus vidas, y posteriormente estas habilidades les van a proporcionar las herramientas para desenvolverse como adultos en la esfera social, siendo la base clave para sobrevivir de manera sana tanto emocional como laboralmente".
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Quiero incidir en la trascendencia de su interiorización a fin de lograr establecer mejores lazos de convivencia y, además, tender un vínculo fluido, armonioso y tolerante en cualquier escenario o circunstancia. La intensificación de estas aptitudes está relacionada, consecuentemente, con el incremento de la empatía, el autocontrol, la autoestima y la inteligencia emocional.
Al mismo tiempo, de manera eficiente, logramos comprendernos, encontrar amigos y conocer a los que tenemos, optimizar las relaciones familiares, aumentar el rendimiento escolar, universitario y laboral y, además, forjar prolífero trato con superiores y colegas. Su implementación favorecerá nuestra forma de encarar las vicisitudes de la vida diaria. Más aún si pensamos en los elevados índices de conflictividad que acontecen en todos los ámbitos en donde nos desenvolvemos.
Por el contrario, evadir poseerlas puede tener mayores consecuencias en nuestro proceso de interacción. Por ejemplo, no comunicará eficazmente necesidades y sentimientos, será difícil hacer amistades y conservar los que se tiene, se apartará de actividades primordiales y divertidas y, probablemente, se encontrará solo, perderá amigos o tendrá desencuentros con ellos. Carecer de estas prácticas mutilará la construcción de nuevas y provechosas conexiones humanas.
Hay dos categorías de "habilidades sociales": básicas y complejas. En el trajín de mi actividad docente alterno con personas (incluso profesores) carentes de competencias simples como saludar, sonreír, dar cumplidos, agradecer, exhibir capacidad de integración y trabajo en equipo. Es decir, aplicar acciones obvias orientadas a forjar una briosa aproximación con el semejante y auspiciar una satisfactoria calidad de vida.
Las "habilidades sociales" complejas están ligadas con el despliegue de la asertividad en la comunicación y la inteligencia interpersonal. Los individuos que la poseen saben expresar quejas, rebatir peticiones irracionales, revelar sentimientos, defender sus derechos, pedir favores, resolver situaciones agudas, acoplarse con el sexo opuesto, tratar con niños y adultos. Estas destrezas tienen un impacto directo en contextos de tirantez y demandan de una sólida configuración personal.
Asimismo, permiten el crecimiento humano y facilitan exhibir facultades mínimas para hacer frente a aspectos inciertos. La tensa afinidad entre familias, vecinos, colegas y en centros de trabajo, debe llevarnos a pensar en lo indispensable de desplegar estas virtudes con el afán de contar con los elementos que afiancen nuestra conducta. Conocernos, reflexionar, explorarnos y administrar con sapiencia nuestro mundo interno, incentivará
estas competencias.

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No obstante, sucede lo contrario. Cada vez son ascendentes las impaciencias que debemos enfrentar, entre otras razones, por la presión de una colectividad estresada, insolidaria, exaltada e indiferente y, por el contrario, la composición de los hombres y mujeres es limitada. Existe una carencia de "habilidades sociales" esenciales que nos deja atónitos en múltiples acontecimientos y, especialmente, cuando provienen de prójimos con determinada formación e instrucción que supondría un mínimo despliegue de estas pericias. No es así y, probablemente, sus inopias sean frecuentes.
Deploro que en nuestro medio se advierta una resignación, por instantes abrumadora, acerca de la habitual carestía de estas facultades que limitarán altamente el ascenso del sujeto. Personas de variadas ocupaciones laborales que, por la naturaleza de sus quehaceres requieren de un prodigioso nivel de estas cualidades, son renuentes a saludar y mostrar afables gestos, huérfanas de las mínimas nociones para fomentar una conversación, arropadas en su reducido y marginal círculo amical, incapaces de integrarse socialmente, inseguras en su toma de decisiones y sobreprotegidas en su estrecha zona de confort.
Es conveniente tomar en cuenta la concordancia que debe existir entre el grado de responsabilidad profesional y las "habilidades sociales". Esta es una condición para encarar más complejos retos particulares, ascender en una empresa y salir airoso en un proceso de selección de personal. Rehuyamos subestimar su valor en nuestro progreso y en la búsqueda de una duradera interacción humana.
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