Cuando nos han invitado ¿hay que devolver esa invitación?
Una invitación genera, socialmente, un compromiso no solo de asistencia, también genera un deber de corresponder con otra invitación posterior

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Corresponder a una invitación. Cuándo debemos devolver con una invitación
La mayoría de las veces las invitaciones generan una especie de 'compromiso social'. Si tú me invitas, yo también te debo de invitar. Aunque no siempre es así. Vamos a verlo.
Aunque las invitaciones no se llevan tan a rajatabla como antaño, sí se está en "deuda social" por decirlo de una forma simple, cuando nos han invitado. Esa invitación debe quedar en el "recuerdo" del invitado, que tiene el compromiso, no escrito, de invitar si celebra u organiza una fiesta, comida, etcétera, en el futuro.
Es muy habitual, en celebraciones familiares o de personas cercanas, devolver este tipo de invitaciones. Si nos invitan a la boda del hijo o hija de un vecino, del hijo o hija de un amigo, de un primo o prima, de un sobrino o sobrina, etcétera, lo habitual es hacer esa misma invitación cuando se casa alguno de nuestros hijos. Decimos boda, pero puede ser cualquier otra celebración similar.
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También las invitaciones a una comida, almuerzo o cena, suelen tener su reciprocidad. Si nos invitan unos amigos o familiares, lo más correcto es corresponder a esa invitación, contra comida en una ocasión futura.
Cuando hablamos de actos o eventos formales, salvo excepciones, no hay una correspondencia a esa invitación. Si nos invitan a una entrega de premios, a una cena de gala, etcétera, no hay correspondencia alguna. Si la hay o la suele haber entre los anfitriones y los invitados de honor. Un caso típico es la cena de gala que suele ofrece un jefe de Gobierno o de Estado a otro. Y éste último, suele devolver esa misma invitación a sus anfitriones.
En este tipo de actos 'formales', se suele invitar a personas que representan distintos ámbitos de la sociedad, como el mundo de la cultura, el empresarial, el religioso, el militar, el del espectáculo, etcétera, pero no conlleva esa reciprocidad que tiene lugar en el ámbito más cercano o familiar.
Por último recordar, que antiguamente existía una obligación, casi escrita, de tener que devolver cualquier invitación o visita a riesgo de quedar mal e incluso de ser excluido socialmente en la práctica. Un caso típico era la llamada "visita de digestión" que consistía en ir a visitar a la persona o familia que nos había invitado a comer en la semana siguiente a la celebración de esa comida.
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